Testimonios sobre preocupaciones excesivas

testimonio de preocupaciones constantes

Esta semana hemos hablado del Trastorno de Ansiedad Generalizada.  He pensado que quizás seria bueno poner algunos testimonios de personas que se siente con preocupaciones constantes y que apenas tienen sosiego. Dos historias con las que nos podemos identificar, son reales y por supuesto están publicadas con permiso de las pacientes pero con nombre ficticio.

Al acecho de posibles peligros

“Soy una mujer sociable, activa o por lo menos lo era. Sí, más bien lo era. Desde hace tiempo mi actividad más frecuente es vigilar cada movimiento de mis hijos, de mi marido, de mis padres, de mis hermanos. ¿Dónde están? ¿Qué están haciendo?¿Les estará sucediendo algo terrible?
Cuando mi hijo sale con los amigos me preocupo de que se caiga o que pase un coche y lo atropelle y lo arrolle pienso mil posibilidades. Por eso me asomo a la ventana una y otra vez, sin poder centrarme en otra cosa hasta que aparece por la puerta de casa.

Cuando mi marido se va al trabajo no dejo de pensar que le ha podido pasar algo. Sólo me tranquilizo cuando me llama que ha llegado al trabajo. Y si tarda, mi ansiedad se dispara pensado mil cosas y ninguna agradable, vivo un verdadero infierno.

Si mi madre tiene que ir al medico para un simple análisis comienzo a especular en un millón de  posibles enfermedades y toda ellas con un final imposible de solucionar.

Lo cierto es que cuando me tranquilizo con una preocupación, me preocupo por otra. Y así todo el día. ¿qué voy hacer?, Si no me preocupo yo ¿quién lo va a hacer?. Me llaman controladora pero alguien tiene que estar pendiente de ellas, ¿o no?.

El problema es que todo esto ha ido a más y ahora no me permite ni siquiera respirar. Me reprocha que no les dejo vivir. Que estoy continuamente encima de ellos. No tiene ni idea de lo que estoy pasando. Es normal que me preocupe. Son los míos. Además, si no lo hago, ¿les podría suceder algo?”

Pendiente de los demás

“Me llamo Laura y no puedo más. No puedo controlar mi mente, no puedo parar de pensar en cosas que me hacen daño. Me preocupo por cosas sencillas, no son cosas raras o extrañas, son cosas sencillas sobre las personas que quiero, sobre todo mi entorno….Mi mente no para, no descansa nunca, sea de noche o de día, haga buen tiempo o llueva, esté sola o rodeada de gente.

Siempre he sido así. Mi madre es igual, poniéndose en el lugar de los demás, siempre pensando en el resto de la gente antes que en ella, siempre preocupada, angustiada. Muchas veces triste. Recuerdo que pensaba que eso la hacia ser buena persona. Me siento estúpida diciendo que sí a todo lo que no quiero hacer que nadie me agradecerá. Siento que nadie me aprecia, que soy el último mono, que nadie piensa en mis deseos o en mis sentimientos”.

Paula Cañeque-Psicóloga

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