Procrastinación: El arte de dejar para mañana

Procrastinación

Lo reconozco, me encanta destacar la etimología de las palabras, vamos su origen, y es que “procrastinación” es un termino que merece la pena detenernos en él.  Etimológicamente procrastinación, proviene del latín: “pro” que significa adelante y “crastinus”, que hace referencia al futuro. De tal manera que procrastinar es el hábito de “dejar para mañana lo que puedes hacer hoy”: aplazar o diferir una responsabilidad una y otra vez incluso llegando a abandonarla.

Aunque no es un término muy común, sí lo es su práctica, aunque la mayoría de la gente desconoce que se trata de un desorden de conducta que puede acarrear graves consecuencias si no es tratado con ayuda de un psicólogo. En nuestro gabinete hemos conocido casos en los que el procastinador ha sufrido problemas personales, familiares o laborales y hemos tenido ocasión de ayudar a muchos otros antes de que esos problemas se produjeran o llegaran a provocar consecuencias graves.

La procrastinación se define como una conducta de evitación, o conducta evasiva, que lleva a postergar una tarea que resulta incómoda o molesta. En ocasiones, tanto el procrastinador como quienes lo rodean no son conscientes de que se está produciendo un desorden de conducta, por lo que es importante conocer los síntomas. Éstas son las dos principales manifestaciones de la procrastinación:

La búsqueda de excusas para no realizar una tarea: “Ahora haré esto otro, que es más urgente”, “esperaré por si llama mi superior y me ordena hacerlo de otra manera”, “lo haré por la tarde”, “lo haré cuando acabe la película”, “ahora ya no me dará tiempo, lo dejo para mañana”. El procrastinador siempre busca un motivo para no cumplir una tarea o no afrontar una responsabilidad.

La justificación posterior:Ayer no me dio tiempo”, “me surgió otro compromiso”, “no me encontraba en condiciones”, “no era tan importante”, “no pude hacerlo, pero lo haré en otro momento porque lo tengo pendiente”. El procastinador siempre trata de justificarse ante sí mismo y ante los demás para mitigar la sensación de culpabilidad.

Cuando ambas manifestaciones se alternan formando un bucle sin fin en el que a cada excusa le sigue una justificación que a su vez es seguida por otra excusa y su justificación, prolongándose una tras otra durante días o semanas, estamos ante un muy probable caso de procastinación. Aparentemente no tiene mayores consecuencias cuando el caso se da únicamente ante una tarea concreta y poco trascendente, como lavar el coche, pero puede ser la señal de una conducta evasiva con posibilidades de evolucionar hacia estadios más graves.

Si además de ello el caso no se presenta ante una tarea en concreto sino ante varias a la vez y además se van sumando nuevas responsabilidades diferidas, es necesario buscar ayuda profesional para corregir el desorden de conducta.

Debemos tener en cuenta que a menudo se confunde la procrastinación con vagancia o irresponsabilidad, cuando realmente las causas de la procrastinación suelen ser bien diferentes, como un bloqueo, el desacuerdo a realizar una acción concreta, la sensación de que algunas actividades no son satisfactorias, no son productivas, no son creativas o generan frustración, por lo que cada caso requiere por parte del psicólogo que lo trata de un análisis específico sobre sus causas.

 

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