Déficit de Atención con o sin Hiperactividad

deficit de atención con o sin hiperactividad¿Cuántas veces hemos pensado que nuestro hijo es hiperactivo? Cualquiera de nosotros hemos utilizado la palabra hiperactivo en más de una ocasión para referirnos al niño muy inquieto, malcriado o con graves problemas de conducta con el niño. Sin embargo, que un niño padezca Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es algo bien distinto.

El Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad comúnmente llamado TDAH no es una discapacidad ni una enfermedad mental sino un trastorno de origen neuropsicológico que siempre va a acompañar a nuestro hijo – y a nosotros – a lo largo de su vida.

Por un lado, los niños con déficit de atención con o sin hiperactividad  se caracterizan por sufrir un déficit de atención. Esto hace que se distraigan habitualmente y les sea muy difícil realizar tareas de larga duración ya que se cansan y aburren muy fácilmente. De ahí, que habitualmente tenga problemas para rendir en la escuela.

Por otro lado, presentan hiperactividad de tal modo que están en continuo movimiento, no paran quietos y les cuesta permanecer sentados y tranquilos. También, muestran cierta torpeza a la hora de moverse (motricidad gruesa) y dificultades a la hora de escribir (motricidad fina) y realizar manualidades (coordinación visomotora) como cortar, pintar, enhebrar…

 Y por último, se trata de niños con una gran impulsividad. Esto significa que realizan las tareas con un gran descontrol, no son capaces de seguir instrucciones, hacen las cosas “a lo loco”, son incapaces de esperar y hablan e interrumpen continuamente. Tienen, además, poco control sobre sus emociones por lo que es muy frecuente que protagonicen pataletas desproporcionadas. Estas conductas extremas pueden repercutir en edades mayores y se relacionan con el consumo de drogas y alcohol, así como con las conductas sexuales de riesgo.

Estos aspectos hacen que, a menudo, se les rechace y se les etiquete como niños malos, insoportables, vagos, malintencionados, ignorantes, incapaces… Y así, un sin fin de denominaciones. Es de esperar, por tanto, que en la escuela se les califique como malos alumnos, que su autoestima sea baja y que la imagen que poseen de sí mismos sea devastadoramente negativa.

En niños con déficit de atención con o sin hiperactividad  es importante una intervención integral; esto es, que se aborde desde diferentes ámbitos profesionales (médico, psicológico, psicopedagógico…) y que se intervenga con el propio niño, con su familia y con la escuela de manera coordinada y continuada, generando así numerosos beneficios para el niño y su entorno.

En definitiva, nuestro hijo con déficit de atención con o sin hiperactividad  requiere una dedicación completa y constante ya que es sumamente importante que le proporcionemos recursos útiles y que le ayudemos a desarrollar habilidades de afrontamiento para su adaptación.

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