Los premios y los castigos

Los premios y los castigos

Cualquiera de nosotros ha premiado o castigado a nuestro hijo por su conducta. Sin embargo, es menos habitual que reflexionemos acerca de cómo utilizamos los premios y los castigos. Veamos qué debemos saber sobre los premios y los castigos para utilizarlos de manera adecuada.

Los premios

Los premios son consecuencias positivas que otorgamos a una conducta determinada para que se mantenga. Existen dos tipos de premios: aquellos mediante los que se proporciona algo que sea del agrado del niño; y aquellos que consisten en eliminar algo que no le gusta o que le impide realizar sus tareas.

Algunos ejemplos de premios para reforzar una conducta son: dar una golosina, felicitarlo por el trabajo bien hecho, permitirle hacer alguna actividad que le gusta, darle un abrazo, comprarle un regalo, quitarle alguna obligación, hacer algo que tendría que hacer él,  etc.

Los castigos

Los castigos, por el contrario, son consecuencias negativas cuyo objetivo es hacer desaparecer una conducta. Se trata, pues, de aplicar una sanción que puede consistir en quitar algo que le guste o proporcionar una consecuencia que no le guste.

Prohibirle ver la televisión, jugar al videoconsola o salir al parque a jugar, enfadarnos con él, imponer alguna actividad que no le gusta, etc. son algunos ejemplos de castigos para eliminar una conducta.

Algunos consejos para utilizar los refuerzos y los castigos

  • Los refuerzos y los castigos que utilicemos deben ajustarse al comportamiento del niño.
  • Una misma conducta siempre debe estar seguida de la misma consecuencia. Por ejemplo, que cada vez que no como verduras se quede sin postre.
  • Deben ser significativos para el niño. Por ejemplo, dar chocolate a un niño que no le gusta cuando se ha comportado adecuadamente, no actuará como reforzador.
  • Las consecuencias deben seguir inmediatamente a la conducta que queremos reforzar o extinguir. Penar al niño sin salir todo el fin de semana por algo que ha hecho un miércoles no será tan eficaz como dejarlo sin hacer algo que le gusta ese mismo día.
  • Esta comprobado que los premios ejercen un mayor control en la conducta de los niños que el castigo. Por tanto, debemos tratar más de reforzar sus conductas adecuadas que castigar las inadecuadas.
  • Los refuerzos tienen una función motivadora y nuestro objetivo es que poco a poco el niño realice las conductas adecuadas sin recibir refuerzo externo. Por ello, la aplicación de refuerzos debe ser primero continua y luego intermitente, hasta conseguir que el propio niño si administre los refuerzos necesarios.
  • En el caso de emplear castigos hay que prestar especial atención a qué utilizamos como castigo. Castigarlos con dar cinco vueltas a la pista de atletismo o con hacer tareas domésticas pueden llevar al niño a la conclusión de que hacer deporte o las tareas del hogar no son buenas.
  • Los castigos no deben ser demasiado extendidos en el tiempo, ya que esto produce que el niño se acostumbre y el castigo pierda funcionalidad. Por ejemplo, mantener sentado al niño en el rincón del aburrimiento durante dos horas no es un castigo eficaz. Al cabo de un tiempo sentado, el niño desconecta de los motivos que le mantienen allí y puede ponerse a pensar en otra cosa o a juguetear.
  • Debemos observar aquellas conductas inadecuadas que pueden estar siendo reforzadas por nuestra continua atención. En ocasiones los niños se comportan de forma inadecuada por que así se aseguran que estemos pendientes de ellos. En estos casos, lo mejor es retirarles la atención y no hacer caso a esas conductas.

Estas son algunas claves para utilizar los refuerzos y los castigos como herramienta de aprendizaje. No se trata de una tarea fácil, pues hemos de tener en cuenta numerosos aspectos como los gustos del niño, la gravedad o nivel de logro, el tiempo de administración, etc. Cuanto mejor asesorados estemos mejor podremos educar a nuestros hijos.

 

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