Los poderes de la mente: el efecto Pigmalión.

dedicación-PigmaliónEl cine, sobretodo el cine, pero … ¿quién no ha pensado en los poderes de la mente? En el poder sobre la conducta de los otros. Ya los griegos lo hicieron. Hay un mito griego en el que un rey,  Pigmalión, considerando imperfectas a las mujeres, esculpió con sus propias manos una perfecta, llamándola Galatea, de quién se enamora y a quién trata como si fuese real. Ante tanto amor, los dioses dan vida a la estatua.

Esta historia da nombre al efecto Pigmalión, por el cual nuestras creencias sobre los demás influyen para que los otros ajusten su comportamiento a nuestras expectativas. Es decir, y para satisfacción de los amantes de la ciencia ficción, podemos provocar que los demás actúen en base a nuestras creencias sobre ellos.  Este efecto tiene repercusiones en el ámbito laboral y social, pero me gustaría centrarme en el terreno educativo, donde su aplicación puede aportar unos frutos muy rentables a lo largo de la vida de las personas.

En 1968, Rosenthal y Jacobson realizaron un experimento en un colegio de San Francisco. Realizaron un test de inteligencia a alumnos de infantil y primaria y dijeron a los profesores que el objetivo era identificar niños que pudieran tener un progreso intelectual repentino y brusco durante el curso. Posteriormente, dieron a los profesores una lista en la que figuraban un 20 por ciento de los alumnos que habían hecho el test, pero fueron niños elegidos al azar, no en base al test. El objetivo: dar a los profesores unas expectativas sobre los niños para posteriormente comprobar como esta nueva forma de verlos influía en su comportamiento hacia ellos. Al año se repitieron las pruebas, y se verificó que aquel 20 por ciento había mejorado su puntuación más que el resto y dicha mejoría se mantuvo dos años después. En otras palabras, aunque las diferencias entre los niños sólo existían en la mente de los profesores, con el tiempo se hicieron reales.

Realmente lo que paso fue que basándose en las expectativas, los profesores se volcaron más en estos niños, les dedicaron más atención y los motivaron más que al resto. A su vez, estos alumnos, al ser tratados de manera diferente, respondían con mejores resultados.

Los padres que consideran torpes a sus hijos, y no dudan en hacérselo saber, no hacen más que hundirles en la ciénaga de sus oscuras creencias, mientras que aquellos que resaltan lo positivo y los motivan,  están aupándolos  sobre una autoestima y futuro saludable.

Hay que tener presente que no son solo nuestras creencias las que operan en los demás. Nuestras creencias también conllevan dedicación y motivación. Ya lo dice el refrán montañero … no hay atajo sin trabajo.

Y cómo he comenzado con el cine,  les  recomiendo una película que trata a las mil maravillas el efecto Pigmalión….¿ Saben cuál es?

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