La perfección genera infelicidad

La perfección genera infelicidad

¿Te has preguntando alguna  vez dónde termina la perfección? ¿ La perfección genera infelicidad o felicidad?.  Os cuento un ejemplo: “ Marta es una chica de 26 años, trabajadora y ama de casa. Además tiene dos hijos. Suele quejarse de tener la sensación de no ser buena hija, ni buena madre, ni buena pareja, ni buena profesional. Apenas les dedica tiempo. Para Marta, la mujer perfecta debe anteponerse a sus propios deseos y estar pendientes de todos”.  Cree que si tiene todo bajo control será más querida y reconocida.

Las personas muy exigentes y que buscan la perfección, piensan más en lo que quieren los demás que en lo que quiere ellos mismos. Pierden el placer de disfrutar de lo que hacen y sólo se centran en el resultado. Se llenan de emociones negativas, de inseguridades y viven pendientes de una autocrítica constante. Nunca están satisfechas. Todo tiene que esta bajo control.

David Burns define al perfeccionista como “aquella persona cuyos estándares se encuentran más allá del alcance o la razón y se fuerza de manera compulsiva  a conseguir metas imposibles” .

Lo cierto es que actualmente parece que está sobrevalorado el concepto de perfeccionismo. De hecho, la gente a menudo se enorgullece y presume de ello, como si fuera una especie de rasgo de personalidad, valorándolo como sinónimo de éxito.  Muchas personas piensan que si no son perfectas no valen nada y  desarrollan toda su vida bajo una idea irracional a la vez que inalcanzable: no equivocarse nunca y ser siempre el mejor.  No cabe la menor duda de que el perfeccionismo es la tendencia sobrevalorada del rendimiento.

En honor a la verdad, es imposible ser excelente en todos los aspectos de la vida o en la mayor parte de ellos.  De hecho, es inherente al ser humano el  equivocarnos y aprender de nuestros errores. Gracias a ello evolucionamos como personas y nos desarrollamos.  La búsqueda de la perfección constante conduce a la frustración, impide disfrutar de la vida, causa sensación de miedo al actuar. Quienes quieren ser perfectos se comparan constantemente con otras personas y su lenguaje interno se impregna de autocríticas. “Nada es suficiente”

Es evidente que es preferible y agradable hacer las cosas bien, pero no tenemos que sentir la obligación de hacerlo todo perfecto. Somos personas valiosas en sí mismas y también nos podemos equivocar. La necesidad de buscar la perfección nos hace que se olvide el primer objetivo de la vida que no es otro que la felicidad.

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