Experiencia de Ansiedad de una paciente anónima

experiencia de ansiedad de una paciente anonima

Hoy les traigo la experiencia de ansiedad de una paciente anónima. Muchas veces leyendo este tipo de experiencias podemos saber más sobre lo que nos ocurre.

“Tengo 34 años y durante siete perdí el control de mi vida.  Realmente hice más que eso, perdí mi vida, porque eso que llevaba no era vida. Siempre fui una chica alegre, extrovertida y muy animosa. Mi único miedo en la vida eran las arañas, a las que le tenía un pánico atroz, de hecho, de niña, mi hermano pequeño jugaba a asustarme con la sola idea de que se llenaba el dormitorio de “ellas” y subían por mi cama, pero ahora, de mayor, no tengo problema con eso, mi hermano ha crecido y mi madre mantiene la casa escrupulosamente limpia.

Trabajaba de comercial en la empresa familiar. Tenía a mi cargo la zona sur de la isla. Me gustaba mi trabajo, siempre conociendo gente nueva, moviéndome por todas partes, de hecho conocí a mi novio a través de mi trabajo. Vivía y sigo viendo, para bien y para mal, en casa de mis padres.

Todo comenzó una mañana de agosto. El día prometía calor y el cielo lucía azul. Lo recuerdo con nostalgia, porque era mi último recuerdo de la felicidad. Caminaba por la acera en dirección contraria al tráfico y una guagua paró para que cruzara una señora por el paso de peatones. Un vehículo circulaba en la misma dirección por el otro carril, pero el conductor no reaccionó, ni siquiera tuvo tiempo de frenar. El impacto seco del cuerpo  contra el coche aún suena en mi cabeza, y peor aún suena el golpe de su cabeza contra la acera. La sangre lo cubrió todo, el silencio, por unos segundos, fue eterno, todo se paró y mi vida también se paró en aquel instante, en aquella acera cubierta de sangre.

Aquel día ni comí ni fui al trabajo, me refugie en casa. Todos lo entendieron, también lo entendieron el segundo día, pero al tercero comenzaron a animarme para que volviera a mi vida, y así lo hice al quinto día. Pero ya nada fue igual y todo empezó a ir a peor.

Conducir, caminar o cruzar la calle se convirtió en un infierno. Ver a alguien parado al borde de la acera esperando para cruzar era una pesadilla. La idea atroz de que otro  accidente se iba a producir de inmediato se había fijado en mi mente. Se quedó a vivir conmigo, y se convirtió en un pensamiento recurrente. Iba tremendamente tensa a todas partes, el dolor del cuello y de espalda me llegó a causar una contractura, pero ese no fue el peor de los males. A medida que la situación se hacía más crítica para mi mente, los efectos físicos eran más y más abrumadores. Sudor frio que luego era caliente, taquicardia, parecía que el corazón me iba a estallar, tenía miedo de sufrir un infarto si antes no moría asfixiada, ya que no podía respirar, me paralizaba. En varias ocasiones me llevaron a urgencias.

Pronto empecé a cambiar mi dinámica. Cambie la zona sur de la isla por la capital, para evitar conducir. Pero daba igual, la “idea” se apoderó de mí de igual manera. No podía escapar a la ansiedad que me generaba. Sólo me sentía tranquila en casa, y algo mejor en la calle si iba acompañada por alguien de mi confianza pero terminé por no salir. Dejé de ir a trabajar, perdí a mi novio. Mi padre me recriminaba mi actitud, decía que era una consentida. No me entendía. Sólo contaba con mi gran amiga, mi madre. No podía ver televisión, porque estaba siempre temiendo que salieran imágenes de calles, coches … De hecho, a veces pienso que cualquiera de esas personas que está en un plato, o cualquier presentador de televisión, pueden ser atropelladas en cuanto salgan a la calle, e inmediatamente comenzaban los sudores, la tensión … Apagaba la televisión. Terminé quitándola de mi cuarto y me cambie a otro dormitorio interior, porque el mío daba a la calle y el ruido del tráfico se hacía insoportable. La verdad es que ya cualquier ruido era un problema.

Después de acudir a varios profesionales, encontré una psicóloga que logró ayudarme. No fue fácil, pero lo logré, o mejor dicho lo logramos, porque sin ella no hubiera podido recuperar mi vida. Hoy vuelvo a ser yo otra vez, atrás han quedado los momentos vacíos, los ataques de ansiedad, las crisis de pánico. Hoy puedo decir que he vuelto a vivir. Atrás quedaron los años sombríos que me han valido para aprender a querer más aquello que tengo”.

Esta experiencia de ansiedad de una paciente anónima me ha animado a publicarlo para poder difundir las sensaciones que se tienen cuando una persona tiene ansiedad. Es importante tener en cuenta que la ansiedad se supera, ya que actualmente los psicologos tenemos herramientas para poder ayudar de forma eficaz.

Paula Cañeque – Psicóloga 

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