Déficit de atención con o sin hiperactividad y sus dificultades

Deficit de atención con o sin hiperactividad y sus dificultades

Este artículo Déficit de atención con o sin hiperactividad y sus dificultades surge como respuesta a la demanda que he tenido sobre este tema. Son muchas las personas que me ha preguntado sobre ello.

A menudo el Déficit de atención con o sin hiperactividad  comúnmente llamado TDAH  se presenta con otra serie de dificultades o trastornos que se denominan comórbidos. Esto no quiere decir que nuestro hijo con TDAH va a padecer algunos o todos; sin embargo, es probable que si no se detecta el TDAH precozmente y se interviene adecuadamente, aparezcan simultáneamente uno o varios de estos trastornos o dificultades. Veamos a continuación los más frecuentes:

Dificultades específicas de aprendizaje relacionadas con la lectura, la escritura y las matemáticas que no están provocadas exclusivamente por dificultades para mantener la atención. Afectan a la mayoría de las personas con TDAH.

Trastornos del comportamiento entre los que se encuentra el trastorno negativista desafiante (TND) (35%) y el disocial (TD)(50%). Se trata de dos trastornos que pertenecen a la misma familia, dónde el trastorno negativista desafiante sería la forma más leve de manifestación. El TND se caracteriza por un comportamiento negativista, provocador, indisciplinado y hostil hacia las figuras de autoridad. Normalmente, se inicia en el seno de la familia para después, generalizarse a otros ambientes como el escolar. Esto se traduce en continuos conflictos con los padres profesores y compañeros. Habitualmente el trastorno negativista desafiante evoluciona a trastorno disocial, aunque hay excepciones. El trastorno disocial se caracteriza por conductas agresivas como peleas, insultos, amenazas e intimidación, robos, destrucción de cosas ajenas, un desinterés desmesurado por las tareas escolares y no respeta las normas del hogar y la escuela.

Trastornos del estado de ánimo entre los que se incluye, por un lado, los trastornos unipolares (15% y 75%) y, por otro lado, los trastornos bipolares (20%). En los trastornos unipolares se incluyen el trastorno depresivo mayor que se caracteriza por un malestar y deterioro grave en el que el niño tiene un ánimo triste o irritable, escasa capacidad para experimentar sensaciones placenteras, problemas con la comida y el sueño, dificultades para pensar o concentrarse y, además, piensa que no sirve para nada, se siente culpable e incluso, puede llegar a pensar en suicidarse; por su parte, la distimia es una depresión mayor menos grave pero más extendida en el tiempo.

El trastorno bipolar se caracteriza por un estado de ánimo enormemente irritable, incapacidad para actuar adecuadamente en situaciones sociales (no sabe jugar con otros niños y a menudo discute con ellos y les pega; grita y llora constantemente en reuniones sociales…), duerme muy poco, se muestra excesivamente nervioso, es muy imprudente (no percibe el peligro y es demasiado arriesgado) y habla en exceso.

Trastornos de ansiedad infantil (25%) que, como su propio nombre indica, se caracteriza por una ansiedad excesiva en el niño que se manifiesta a través de una preocupación casi obsesiva por cosas que le pasaran en el futuro, por comportamientos que ha tenido en el pasado y por su capacidad para realizar tareas escolares. Demandará constantemente la aprobación y corrección de sus conductas y, a menudo, mostrará malestar físico y será hipersensible ante situaciones que el cataloga como de vergüenza o humillación, pudiendo llegar a tener ataques de ira en tales circunstancias.

Síndrome de Tourette (25% y 85%) que consiste en el desarrollo de tics antes de los 18 años de edad. Incluye tanto tics motores como pueden ser parapadear en exceso, hacer muecas, tirarse de la ropa…, como tics vocales como carracpear, oler, resoplar, emitir ruidos… Cuanto más graves sean los síntomas de este síndrome, más posibilidades de que coexista con el TDAH.

Trastornos de la coordinación motora (6%) se refiere a problemas en el desarrollo motor del niño. Esto es, los niños muestran torpeza a la hora de realizar movimientos propios de su edad y, además, retrasos relacionados con gatear, caminar, anudarse los zapatos, hacer rompecabezas, jugar a la pelota, escribir…

Con todo, el TDAH se considera, pues, un factor de riesgo para la aparición de estos trastornos y dificultades. De ahí, la importancia de una detección e intervención temprana en TDAH que ayude a prevenir la aparición de comorbilidades.

Debemos añadir que no afectan por igual a niños y a niñas. Los niños, por ejemplo, suelen tener más problemas relacionados con la conducta en la escuela, mientras que las niñas presentan más riesgo de padecer trastornos de ansiedad.

 

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