La autoestima sana

Autoestima sana

La autoestima se forja a lo largo de nuestra vida. Comienza en la infancia y va  pasando por las diversas etapas de nuestro proceso evolutivo. El resultado es un sentimiento generalizado de valía, o  por el contrario, de incapacidad.  Aunque puede variar en el transcurso de nuestra existencia, suele permanecer bastante constante. De hecho,  no es fácil cambiar nuestra autoestima.

Cuando tenemos una autoestima sana nos sentimos con una mayor capacidad para afrontar retos vitales, defender nuestros propios derechos; somos capaces de luchar con ahínco para conseguir nuestros objetivos. Además, nos permite estar más satisfechos con nosotros mismos. En definitiva, tener una autoestima sana implica tener una actitud positiva con uno mismo.

Otro de los elementos importantes a tener en cuenta es que la autoestima tiene como principal función la de protegenos de las situaciones del medio que nos exponen continuamente a autoevaluaciones. En definitiva, tener una autoestima sana  nos vacuna contra el sufrimiento psicológico que puede causarnos la crítica, el rechazo, los fracasos, las pérdidas, ayudándonos a que cualquier acontecimiento negativo y estresante sea menor.

Desarrollar una autoestima sana implica (Roca 2005):

1.- Conocernos a nosotros mismos con nuestros defectos y con nuestras virtudes.

2.- Aceptarnos incondicionalmente, independientemente de nuestras limitaciones o logros, de la aceptación o el rechazo que puedan brindarnos otras personas. preocupándonos por nuestro desarrollo personal.

3.- Mantener una actitud de respeto y consideración positiva hacia uno mismo.

4.- Tener una visión de yo como potencial, considerando que somos más que nuestros comportamientos y rasgos, que estamos sujetos a cambios y que podemos aprender a dirigir esos cambios.

5.- Relacionarnos con los demás de forma eficaz y satisfactoria.

6.- Buscar activamente nuestra felicidad y bienestar, siendo capaces de demorar ciertas gratificaciones para conseguir otras mayores a más largo plazo.

7.- Atender y cuidar nuestras necesidades físicas y psicológicas: nuestra salud, bienestar y desarrollo personal; igual que una buena madre atiende las necesidades de su hijo.

El resultado de todos esos factores es que una persona con una autoestima sana tiene enormes ventajas.

o Mayor aceptación de sí mismo y de los demás.

o Menos tensiones y mejor posición para dominar el estrés

o Una visión más positiva y optimista de la vida.

o Una buena aceptación de las responsabilidades personales y una mayor sensación de control sobre aquello que se hace.

o Más independencia.

o Mayor capacidad de escuchar a los demás sin sentirse criticadas o evaluadas constantemente.

o Un equilibrio emocional más adecuado.

o Capacidad de disfrutar de las situaciones sociales y también de la soledad.

o Una mayor autoconfianza, más humor y creatividad.

o Menos temores ante los riesgos y fracasos, que se convertirán en oportunidades, retos, experiencias.

o Mayor capacidad de expresar los sentimientos, los positivos y negativos.

o Son menos probables los sentimientos negativos como la envidia,  el rencor, o los celos destructivos.

o Se tiene una mayor ilusión, motivación, entusiasmo y capacidad para disfrutar de los grandes placeres de la vida.

Desarrollar una  buena autoestima es fundamental en nuestra vida. Las personas que se sienten bien consigo mismas suelen sentirse bien en la vida. Son capaces de afrontar y resolver con seguridad los retos y las responsabilidades que su vida plantea.

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