Ansiedad: un enemigo a ser batido

Ansiedad

Hemos hablado en alguna ocasión sobre qué es la ansiedad.  La ansiedad es adaptativa, de hecho, nos posibilita la huida en situaciones de peligros y nos mantiene atentos ante posibles riesgos. Sin embargo, cuando se da en situaciones en donde no hay peligro se convierte en una autentica pesadilla para quien la padece. El miedo se apodera de la persona paralizando su vida.

Los efectos de la ansiedad no se limitan a la motivación. Los estudios demuestran que la ansiedad afecta al sentido del olfato y el equilibrio.

La ansiedad hace del mundo un lugar mal oliente.

A la hora de oler es nuestro sistema olfativo el que se activa. Esto puede parecer una obviedad pero cuando una persona se vuelve ansiosa es nuestro sistema emocional el que interviene convirtiéndose en parte del procesamiento olfativo.

Según la investigación de Krusemark y Li, 2013 , las personas que padecen ansiedad tienden a etiquetar los olores neutros como olores desagradables. Así la ansiedad contribuye a convertir el mundo en un lugar desagradable.  A  medida que las personas se vuelven más ansiosas diferencian mejor entre los distintos tipos de malos olores.

El ejercicio nos protege.

Se sabe que cuando una persona hace algo de ejercicio siente menos ansiedad en su vida cotidiana. Tan sólo 20 minutos hacen que se sienta más tranquilo.  No obstante, el ejercicio no se reduce al gimnasio, también se extiende a la vida diaria, caminar, subir escaleras…

En una investigación realizada por Smith, 2013, se ha puesto de manifiesto que si bien descansar reduce la ansiedad hacer deporte ayuda a protegernos contra situaciones de estrés.

Hay quienes piensan que el ejercicio  es una alternativa a la medicación contra la depresión y la ansiedad.

De padres ansiosos…

Actualmente, se sabe que la ansiedad tiene un componente genético, de tal manera que heredamos la vulnerabilidad a padecer ansiedad. A día de hoy,  ya es ciencia que la influencia de la conducta de los padres ansiosos hace que sus hijos también padezcan ansiedad. Budinger y cols.,2012

Ante la demanda de ayuda de los hijos, los padres ansiosos son menos afectuosos, realizan más críticas, confían menos en sus hijos, les exigen más, son menos pacientes y no les refuerzan positivamente generando en los niños un sentimiento de sobrecarga antes las exigencias cotidianas provocando un estado de preocupación y miedo en sus hijos.

Cambia tu pensamiento.

Las interpretaciones que hacemos de las situaciones nos provocan ansiedad. Una de la formas para reducirla es cambiar tu forma de pensar. Imaginate que vas a ir a una entrevista de trabajo, no es lo mismo que te sientas evaluado a que lo veas como una charla con un amigo. No es lo mismo exponer un tema hablado para un  examen que pensar que lo haces delante de tu familia.

Lo cierto es que la mayoría de las situaciones se pueden enmarcar de esta manera y las investigaciones demuestran que las personas que hacen esto, se sienten menos ansiosas en situaciones estresantes. (Llewellyn et al., 2013)

Paula Cañeque- Psicóloga

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