¡Alerta!, Padres e hijos inseparables: Ansiedad por separación

Ansiedad por separación

En otras ocasiones ya hemos hablado en que consiste, grosso modo, el trastorno de ansiedad en niños. Se trata, pues, de una preocupación excesiva por determinadas situaciones que, en realidad, no constituyen una amenaza real.

Pues bien, cuando hablamos de trastorno de ansiedad por separación hacemos referencia a la situación concreta que funciona como detonante de la reacción ansiosa: la separación de la figura de apego.

La figura de apego habitualmente son los padres, aunque realmente la figura de apego incluye a cualquier cuidador íntimamente relacionado con el niño.

¿Cuándo suele ocurrir?

La ansiedad por separación suele ocurrir en cualquier niño. Generalmente, hacia los 6 meses de edad el niño ya es capaz de experimentar ansiedad cuando percibe la no presencia de sus cuidadores y así lo manifiesta a través de, por ejemplo, el llanto.

Sin embargo, no es hasta alrededor de los 24 meses cuando el temor y malestar por la ausencia de la figura de apego se intensifica. En condiciones normales, el llanto, las protestas, salir corriendo detrás del padre, etc. cuando este sale de casa, duran poco tiempo y cualquier juguete, un programa de televisión o, simplemente, hablar con ellos de otra cosa, distraerá su atención y parecerá haber olvidado que su padre se ha ido; sin embargo, cuando la expresión de la ansiedad es demasiado intensa, frecuente e interfiere en la actividad cotidiana del niño y, por consiguiente, en la de los padres, la ansiedad producida por la separación se convierte en un trastorno.

¿Cuáles son las causas?

Entre las causas de este trastorno no encontramos, principalmente, con déficit de aprendizaje, es decir, un escaso número de situaciones de separación y normalmente de poca duración. Por ejemplo, el niño y la madre van juntos a todas partes, el niño duerme siempre acompañado, nunca está solo en una habitación de la casa, etc.

Otra de las causas tiene que ver con la manera en la que los padres refuerzan este tipo de conductas en el niño. Por ejemplo, si cada vez que nuestro hijo tiene que ir al colegio o, por cualquier motivo, tiene que quedarse fuera de casa, lo normal será que las primeras veces lo notemos triste, se queje de que le duele algo o, incluso llore. El problema viene cuando con esa tristeza, quejas y llantos, el niño consigue no ir al colegio o no quedarse fuera de casa.

Aunque puede ser natural que tratemos de evitar el sufrimiento a nuestros hijos, hemos de ser realistas y comprender que hay situaciones por las que tienen que pasar.

Volvamos al ejemplo del colegio: si nuestro hijo cada vez que va al colegio se muestra triste, llora o protagoniza pataletas, y además, cuando esto ocurre nosotros cedemos y lo dejamos en casa, ocurren varias cosas. Primero, el niño aprende que mediante el llanto, las rabietas y las pataletas consigue evitar la separación; y segundo, contribuiremos a que esas situaciones cada vez sean más intensas y difíciles de manejar.

¿Qué podemos hacer? 

La clave principal es enfrentar adecuadamente este tipo de situaciones. No enfrentarlas puede generar, al igual que ocurre con la ansiedad generalizada, consecuencias negativas que afectan a la actividad del niño y a su desarrollo normal, por no hablar de la manera en la que esto afecta a la vida diaria de los padres.

Si te sientes identificado con este tipo de situaciones, no dudes en pedir ayuda a un psicólogo. Desde el campo de la psicología existen numerosos recursos terapéuticos mediante los que reducir la ansiedad en niños y además, enseñar a los padres cómo evitar este tipo de situaciones.

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